Don Quijote
Capítulo 9

Donde termina la gran batalla entre el vizcaíno y el valiente manchego

Espanhol B1 Intermédio
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En la primera parte de esta historia, dejamos al valiente vizcaíno y al famoso don Quijote con las espadas en alto, listos para cortarse en dos. Pero en ese momento tan emocionante, el primer autor de esta historia paró de escribir porque no encontró más documentos sobre nuestro caballero.

Yo, el segundo autor, estaba muy triste por no saber el final de la batalla. Pero un día, caminando por la ciudad de Toledo, vi a un chico vendiendo unos papeles viejos. Miré los papeles y vi que estaban escritos en árabe. Busqué rápidamente a un traductor y le pedí que leyera un poco.

El traductor empezó a reírse a carcajadas. Le pregunté por qué se reía y me dijo:

Aquí hay una nota en el borde del papel que dice: "Esta Dulcinea del Toboso tenía la mejor mano para salar carne de cerdo de toda La Mancha".

Al escuchar el nombre de Dulcinea, me quedé sorprendido. ¡Eran los papeles perdidos de nuestro caballero! El traductor me dijo que el libro se llamaba Historia de don Quijote de La Mancha, escrita por un historiador árabe llamado Cide Hamete Benengeli. Compré los papeles inmediatamente y le pagué al traductor con pasas y trigo para que los tradujera todos al español.

Gracias a esta traducción, sabemos que la historia continuó así:

Las espadas de los dos combatientes estaban en alto. El primero en atacar fue el vizcaíno. Dio un golpe con tanta fuerza que, si la espada no se hubiera girado un poco con el aire, habría matado a don Quijote. Pero la buena suerte le salvó la vida. La espada solo le golpeó en el hombro izquierdo, rompiendo gran parte de su casco y cortándole la mitad de la oreja.

¡Dios mío! ¡Nadie puede imaginar la rabia que sintió don Quijote al verse herido! Se levantó un poco más sobre su caballo, agarró la espada con las dos manos y dio un golpe terrible sobre el vizcaíno. La espada golpeó el cojín y la cabeza del pobre hombre. Fue como si le cayera una montaña encima. El vizcaíno empezó a echar sangre por la nariz, por la boca y por los oídos. La mula se asustó por el ruido y empezó a correr, tirando a su dueño al suelo.

Don Quijote bajó rápidamente de su caballo. Se acercó al vizcaíno, le puso la punta de la espada en los ojos y le ordenó que se rindiera, o le cortaría la cabeza. El vizcaíno estaba tan aturdido y herido que no podía hablar.

Las señoras del coche, que habían mirado la batalla con mucho miedo, corrieron hacia don Quijote. Le pidieron llorando que, por favor, perdonara la vida de su sirviente.

Don Quijote les respondió con mucha gravedad y orgullo:

Hermosas señoras, estoy dispuesto a hacer lo que me pedís. Pero hay una condición: este caballero debe ir al pueblo de El Toboso y presentarse ante la hermosa doña Dulcinea, para que ella decida qué hacer con él.

La señora del coche, muy asustada y sin saber quién era esa tal Dulcinea, le prometió que su sirviente haría todo lo que el caballero pedía.

Con esa promesadijo don Quijote—, no le haré más daño, aunque se lo tenía bien merecido.

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