Don Quijote
29 skyrius

La princesa Micomicona y el truco de la barba

Ispanų B1 Vidutinis
0% žinomų žodžių
Iš viso: 760 žodžio
760
Neišsaugota
100 %
0
Mokausi
0 %
0
Žinau
0 %
Daiktavardis Tikrinis daiktavardis Veiksmažodis Pagalbinis veiksmažodis Būdvardis Prieveiksmis Įvardis Determinantas Prielinksnis Skaitvardis Sujungiamasis jungtukas Prijungiamasis jungtukas Dalelytė Jaustukas Kita

Dorotea terminó su triste historia con lágrimas en los ojos. Cardenio, muy emocionado, tomó la palabra:

Señora, si eres la hermosa Dorotea, yo soy el desdichado Cardenio.

Cardenio le explicó que Luscinda era su verdadera novia. Como el mentiroso don Fernando le había dado su palabra de matrimonio a Dorotea, los dos tenían la esperanza de arreglar la situación y recuperar a sus verdaderos amores. El cura se alegró mucho por esta coincidencia y les ofreció ir a su pueblo para organizar un plan y ayudarlos.

En ese momento, llegó Sancho Panza. Les contó que su amo estaba flaco, casi desnudo y medio muerto de hambre entre las rocas.

Mi señor dice que no volverá a la civilización hasta que haga grandes hazañas (acciones heroicas) para su amada Dulcineaexplicó Sancho, muy preocupado—. Tengo miedo de que nunca llegue a ser emperador. Si sigue así, ni siquiera llegará a arzobispo de la Iglesia.

Dorotea, que había leído muchos libros de caballerías, propuso una idea excelente: ella misma haría el papel de la doncella (mujer joven) en apuros. Sacó de su bolsa un vestido muy elegante y unas joyas, y en un minuto se transformó en una gran señora. Sancho Panza, que no sabía nada del plan secreto, se quedó con la boca abierta al ver a una mujer tan hermosa y le preguntó al cura quién era.

Es la princesa Micomicona, del gran reino de Micomicón, en Áfricamintió el cura—. Viene a pedirle a tu amo que mate a un gigante malvado.

Sancho se puso contentísimo. Pensó que su amo debía casarse con esta princesa para convertirse en un gran rey. A Sancho no le gustaba la idea de que don Quijote fuera arzobispo porque él, siendo un hombre casado, no podía trabajar para la Iglesia. Solo le preocupaba una cosa: como el reino estaba en África, los vasallos (ciudadanos, súbditos) de su amo serían negros. Pero la mente práctica y codiciosa de Sancho pronto encontró una solución:

—¡No importa! —pensó Sancho—. Los traeré a todos a España, los venderé como esclavos y con ese dinero viviré rico y tranquilo toda mi vida.

Caminaron un poco y encontraron a don Quijote. Dorotea bajó de su mula y se arrodilló delante del caballero andante.

—¡Oh, valeroso caballero! No me levantaré de aquí hasta que su bondad me prometa un favordijo Dorotea con un tono exagerado y muy dramático.

Levántese, hermosa señora. Le concedo lo que pida, siempre que no sea hacerle daño a mi rey o a mi amada Dulcinearespondió don Quijote con gran formalidad.

Dorotea le pidió que fuera con ella a su reino para vengarla y matar al gigante que le había robado la corona. Don Quijote aceptó de inmediato y ordenó a su escudero (ayudante) Sancho que preparara a Rocinante.

Mientras tanto, el barbero (que llevaba su enorme barba falsa hecha con la cola de un buey) intentó subir a su mula. Pero el animal dio una patada violenta en el aire y el barbero cayó al suelo. ¡Por el golpe, la barba postiza salió volando! Don Quijote miró muy sorprendido aquel montón de pelo en el suelo, separado del rostro, sin sangre ni dolor.

Para evitar que don Quijote descubriera la mentira, el cura corrió hacia el barbero. Le puso la barba en la cara rápidamente, murmurando unas palabras extrañas y misteriosas.

—¡Es un milagro! —gritó el cura—. ¡Con este hechizo mágico le he pegado la barba de nuevo!

Don Quijote quedó maravillado. Le creyó totalmente y le pidió al cura que, algún día, le enseñara ese hechizo tan útil para curar heridas en las batallas.

Todos empezaron a caminar juntos. El cura, que se había tapado un poco la cara, se acercó a don Quijote haciendo como si lo reconociera por sorpresa en medio del camino. Durante el viaje, el cura decidió contar una pequeña mentira para ver cómo reaccionaba el caballero:

Imagínese, señor don Quijotedijo el cura—. El otro día, maese Nicolás y yo fuimos atacados en este mismo camino por unos ladrones. Eran unos criminales, unos galeotes que debían ir a la prisión, pero un loco se atrevió a liberarlos en la montaña. Ese hombre rompió la ley, ayudó a los malos y puso en peligro a toda la región. ¡Que Dios lo perdone!

Al escuchar esto, a don Quijote se le cambió el color de la cara. Empezó a sudar y a ponerse muy nervioso, porque él había sido el hombre que liberó a los prisioneros, pero por vergüenza, no se atrevió a decir ni una sola palabra.

Vertimo dar nėra.

Įkeliami sakiniai...

50+
20+
10+
5+
4
3
2
1

Malonu vėl Jus matyti!

Prisijunkite, kad tęstumėte

Neturite paskyros? Registruotis