Don Quijote de la Mancha, primera parte

El Caballero de la Triste Figura

Unas luces aparecen en el camino durante la noche y don Quijote cree que debe vengar a un caballero.

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—Señor —dijo Sancho por el camino—, creo que todas estas desgracias son un castigo. Usted juró no comer en una mesa hasta ganar un casco. Era el casco de un rey antiguo, Malandrino. No recuerdo bien su nombre. Y no cumplió su promesa.

—Tienes mucha razón, Sancho —dijo don Quijote—. Lo olvidé. Y por eso te lanzaron con la manta: porque tú no me lo recordaste. Pero lo voy a arreglar.

—¿Yo también juré algo? —preguntó Sancho—. Bueno, no olvide usted otra vez su promesa. Tal vez los fantasmas quieren divertirse conmigo otra vez.

Así llegó la noche, y no encontraron ningún lugar para dormir. Además, tenían mucha hambre, porque sin las alforjas no tenían comida. Caminaban en la oscuridad, cuando vieron muchas luces en el camino. Venían hacia ellos y parecían estrellas que se movían. Sancho empezó a temblar, y don Quijote también sintió miedo. Pero después se animó un poco.

—Esta va a ser una aventura muy grande y peligrosa, Sancho —dijo—. Voy a necesitar todo mi valor.

—¡Pobre de mí! —respondió Sancho—. ¿Y si es una aventura de fantasmas? ¿Dónde voy a encontrar costillas para tantos golpes?

—Esta vez nadie te va a hacer daño, Sancho. Aquí estamos en el campo abierto, y puedo usar mi espada.

Se apartaron a un lado del camino para mirar. Las luces se acercaban. Eran unos veinte hombres en mulas, vestidos con camisas blancas. Llevaban antorchas encendidas en las manos. Detrás venía una camilla cubierta de tela negra. La seguían otros seis hombres en mulas, con largas ropas negras. Los hombres de blanco rezaban en voz baja.

Al ver todo esto, a Sancho le temblaban los dientes de miedo. Pero don Quijote imaginó otra aventura de sus libros. En la camilla, para él, iba un caballero herido o muerto, y él tenía que vengarlo. Puso la lanza delante y se colocó en medio del camino.

—¡Alto, caballeros! —gritó—. ¿Quiénes son ustedes? ¿De dónde vienen y adónde van? ¿Qué llevan en esa camilla?

—Tenemos prisa, y la posada está lejos —respondió uno de los hombres de blanco—. No podemos parar.

Y siguió adelante con su mula. Don Quijote se enojó mucho y agarró la mula del freno. La mula se asustó y se levantó sobre las patas de atrás. Así tiró al hombre al suelo. Un muchacho empezó a insultar a don Quijote. Entonces don Quijote atacó con la lanza a uno de los hombres de negro. Lo tiró al suelo. Después fue contra todos los demás. Rocinante corría tan rápido que parecía tener alas.

Los hombres de blanco no tenían armas, y tenían mucho miedo. Huyeron por el campo con sus antorchas. Los hombres de negro no podían moverse bien con sus ropas largas. Don Quijote les dio golpes a todos, y todos huyeron. Pensaban que no era un hombre, sino un diablo.

Sancho lo miraba todo, sorprendido.

—Mi amo es tan valiente como dice —pensaba.

El primer hombre seguía en el suelo, junto a una antorcha. Don Quijote se acercó a él y le puso la lanza en la cara.

—¡Ríndete, o te mato!

—Ya estoy rendido —respondió el hombre—. No me puedo mover, porque tengo una pierna rota. Por favor, no me mate. Soy un hombre de la Iglesia.

—¿Y qué hace un hombre de la Iglesia aquí, de noche?

—Me llamo Alonso López, señor. Vengo de la ciudad de Baeza con otros once sacerdotes, los que huyeron con las antorchas. En esa camilla llevamos los huesos de un caballero. Murió en Baeza, y ahora los llevamos a Segovia, su ciudad.

—¿Y quién lo mató? —preguntó don Quijote.

—Dios, con unas fiebres.

—Entonces Dios me quitó un trabajo —dijo don Quijote—. No tengo que vengar su muerte. Sepa usted que soy don Quijote de la Mancha, caballero andante. Mi trabajo es ir por el mundo y corregir las injusticias.

—¿Corregir injusticias? —dijo el hombre—. ¡Usted me rompió una pierna, y no va a estar bien nunca más! ¡Ahora la injusticia la sufro yo, para siempre!

—No todas las cosas salen bien, señor —respondió don Quijote—. Ustedes venían de noche, con camisas blancas y antorchas, rezando y vestidos de negro. Parecían cosas del otro mundo. Por eso los ataqué.

—Pues ahora, por favor, ayúdeme a salir de debajo de esta mula. Me tiene atrapada la pierna.

Don Quijote llamó a Sancho. Pero Sancho estaba muy ocupado. Los sacerdotes traían una mula cargada de comida muy buena. Sancho estaba sacando toda la comida. Llenó un saco de comida y lo cargó en su burro. Solo entonces fue a ayudar a su amo. Entre los dos sacaron al hombre de debajo de la mula. Lo subieron a ella y le dieron una antorcha.

—Vaya con sus compañeros —le dijo don Quijote—, y pídales perdón de mi parte.

—Y si quieren saber quién los venció —dijo Sancho—, dígales su nombre. Fue el famoso don Quijote de la Mancha, el Caballero de la Triste Figura.

El hombre se fue. Entonces don Quijote le preguntó a Sancho por qué lo llamó así.

—Se lo voy a decir —respondió Sancho—. Lo estuve mirando un rato con la luz de esa antorcha. Y de verdad, señor, nunca he visto una cara tan triste como la suya. Tal vez es por el cansancio de la batalla, o porque le faltan los dientes.

—No es por eso —dijo don Quijote—. Todos los caballeros antiguos tenían un nombre así. Uno era el Caballero del Unicornio, otro el de la Espada de Fuego... El sabio que va a escribir mi historia te dio la idea de ese nombre. Por eso, desde hoy voy a llamarme el Caballero de la Triste Figura. Y voy a pintar en mi escudo una figura muy triste.

—No gaste tiempo ni dinero en eso, señor —dijo Sancho—. Solo tiene que mostrar su cara. Sin pintura y sin escudo, todos lo van a llamar el de la Triste Figura, créame. Con el hambre y sin dientes, tiene usted una cara muy triste.

Don Quijote se rio de la broma de Sancho. Pero decidió llevar ese nombre.

—Vámonos de aquí, señor —dijo Sancho—. Esa gente tal vez vuelve. Y tenemos hambre.

Caminaron un poco entre dos montañas y llegaron a un valle escondido. Allí se sentaron sobre la hierba verde. Comieron muy bien, porque la comida de los sacerdotes era muy buena. Pero tenían otro problema: no tenían ni vino ni agua para beber.

Käännöstä ei ole vielä luotu.

Ladataan lauseita…

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