Antes de la primera palabra: el aprendizaje empieza con el sonido

La experiencia lingüística comienza sorprendentemente temprano.

Durante las etapas finales del embarazo, un feto puede oír sonidos del exterior del útero. El habla llega amortiguada, por lo que los detalles finos son difíciles de percibir, pero los rasgos más generales, como el ritmo, el tono y la entonación, se conservan relativamente bien. Por eso, los recién nacidos llegan al mundo con cierta experiencia de los patrones sonoros y las voces que escucharon antes de nacer. Las investigaciones han encontrado, por ejemplo, una sensibilidad temprana a la voz de la madre y a patrones prosódicos familiares.

Esto no significa que los bebés comprendan el lenguaje antes de nacer. Lo que pueden aprender en esta etapa es mucho más básico: propiedades del sonido, el ritmo y la familiaridad.

Después del nacimiento, este aprendizaje se acelera.

Sintonizarse con los idiomas del entorno

Al principio, los bebés pequeños son sensibles a una gama sorprendentemente amplia de distinciones del habla, incluidas algunas que no son importantes en el idioma que se habla a su alrededor.

Durante aproximadamente la segunda mitad del primer año, esta percepción se vuelve cada vez más especializada. Por lo general, los bebés se sintonizan mejor con las distinciones que importan en el idioma o los idiomas que escuchan con regularidad, mientras que disminuye la sensibilidad a algunas distinciones desconocidas.

Los investigadores llaman a este proceso estrechamiento perceptivo.

Es un ejemplo importante de cómo funciona el desarrollo: los bebés no nacen simplemente con un sistema lingüístico terminado esperando activarse. Sus habilidades perceptivas están moldeadas continuamente por la experiencia.

Encontrar patrones en el habla continua

Hay otro problema que los bebés necesitan resolver.

El lenguaje hablado no llega con espacios entre las palabras.

Cuando lees:

¿Quieres tu osito de peluche?

los espacios hacen evidentes los límites entre palabras. En el habla cotidiana, esos límites son mucho menos claros.

Aun así, durante el primer año, los bebés empiezan a descubrir unidades recurrentes dentro de ese flujo continuo.

Un mecanismo que parece ayudar es el aprendizaje estadístico: la sensibilidad a patrones en la manera en que los sonidos y las sílabas aparecen juntos.

En experimentos clásicos, bebés de ocho meses escucharon flujos continuos de sílabas desconocidas, sin pausas que marcaran “palabras” individuales. Tras una exposición muy breve, podían distinguir secuencias que aparecían juntas con regularidad de secuencias que cruzaban los límites artificiales entre palabras. Estudios posteriores han mostrado que los bebés también usan muchas otras pistas, como el ritmo, el acento, los sonidos familiares y las propiedades de su idioma.

Por lo tanto, los bebés hacen algo mucho más sofisticado que simplemente grabar todo lo que oyen.

Están descubriendo poco a poco estructura dentro de la información lingüística que reciben.

De los arrullos al balbuceo

El desarrollo del lenguaje no consiste solo en escuchar. Durante el primer año, los bebés experimentan cada vez más con la producción de sonidos por sí mismos.

El juego vocal temprano suele incluir sonidos parecidos a vocales y arrullos. En los meses siguientes, empiezan a aparecer combinaciones más parecidas al habla.

Hacia la mitad del primer año, muchos bebés entran en lo que los investigadores llaman balbuceo canónico, produciendo secuencias parecidas a sílabas como:

ba-ba-ba

da-da-da

ma-ma-ma

El momento exacto varía considerablemente entre niños, pero el balbuceo canónico suele aparecer durante la segunda mitad del primer año.

El balbuceo todavía no es habla ordinaria y por lo general no tiene los significados estables que tienen las palabras. Pero les da a los bebés experiencia para coordinar la respiración, la voz, la mandíbula, los labios y la lengua, y así producir patrones cada vez más parecidos al habla.

Además, el balbuceo también recibe influencia de la experiencia lingüística. Con el tiempo, las características de las producciones vocales de los niños empiezan a reflejar rasgos de los idiomas que escuchan.

Y el desarrollo del lenguaje no se limita al habla.

Los niños expuestos a una lengua de señas desde el nacimiento muestran una actividad temprana pautada comparable en la modalidad manual. Estudios con bebés sordos que usan señas han descrito el balbuceo manual: movimientos repetitivos de las manos que contienen propiedades estructurales presentes en las lenguas de señas.

Esto ofrece una pista importante sobre el desarrollo del lenguaje. El lenguaje humano no está ligado fundamentalmente al sonido. El cerebro en desarrollo puede construir un sistema lingüístico a partir de lenguaje accesible y estructurado en distintas modalidades.

Las primeras palabras

En muchos casos, las primeras palabras reconocibles aparecen hacia el final del primer año, aunque existe una variación normal considerable.

Los vocabularios tempranos suelen contener nombres de personas conocidas, objetos, rutinas, acciones y expresiones sociales:

mamá

pelota

perro

adiós

más

arriba

Estas palabras pueden tener varias ventajas. Los niños encuentran muchas de ellas repetidamente, se refieren a cosas importantes en las interacciones cotidianas y sus significados suelen ser más fáciles de inferir a partir de la situación que las rodea.

Pero no existe una fórmula sencilla que determine qué palabra aprenderá primero un niño.

La frecuencia importa, pero también importan el contexto, la pronunciación, la interacción, la atención y aquello de lo que suelen hablar las personas alrededor del niño.

Una palabra es más que un sonido

Aprender una palabra implica resolver varios problemas a la vez.

Un niño tiene que notar que un patrón sonoro particular forma una unidad útil, recordarlo, determinar a qué probablemente se refiere y aprender gradualmente cómo lo usan otras personas.

Esta correspondencia no siempre es obvia.

Imagina oír que alguien dice:

¡Mira el dax!

mientras hay varios objetos desconocidos y ocurren varias acciones al mismo tiempo.

¿Qué es exactamente dax?

¿Un objeto en particular? ¿Su color? ¿La acción que alguien está realizando? ¿Una parte del objeto?

Los niños se enfrentan una y otra vez a versiones de este problema. Usan múltiples fuentes de información —incluidas la situación, la experiencia previa, las pistas sociales y los patrones del lenguaje que los rodea— para reducir los posibles significados.

Por eso, aprender palabras no suele ser un acto de una sola exposición en el que se pega una etiqueta a un objeto. El conocimiento se vuelve más rico a través de encuentros repetidos.

¿El vocabulario explota de repente?

Una descripción muy conocida del desarrollo temprano del lenguaje es el estallido del vocabulario o la explosión de vocabulario.

Después de producir un número relativamente pequeño de palabras, muchos niños pequeños sí empiezan a añadir palabras nuevas a un ritmo cada vez más rápido durante el segundo año de vida.

Pero la historia sencilla de manual —un aprendizaje lento seguido de una explosión repentina y universal alrededor de los 18 meses— es demasiado ordenada.

La investigación encuentra una variación considerable. Algunos niños muestran una aceleración marcada, otros una curva mucho más gradual, y los investigadores no están de acuerdo en que exista un estallido de vocabulario claramente diferenciado como etapa universal del desarrollo.

Tampoco hay buenas razones para explicar el cambio con una comprensión súbita de que “todo tiene nombre”.

Varias habilidades se desarrollan al mismo tiempo. Los niños conocen más palabras, entienden más sobre la comunicación, mejoran al identificar patrones, recuerdan mejor las formas de las palabras y pueden usar lo que ya saben para interpretar lenguaje nuevo.

El resultado es un sistema de aprendizaje cada vez más capaz de aprender a partir de su propio conocimiento acumulado.

De las palabras a las combinaciones

En algún momento durante el segundo año, muchos niños empiezan a combinar palabras:

Papá va

Más leche

Perro grande

Estas primeras combinaciones suelen ser breves, pero ya expresan relaciones entre ideas: un objeto y su propiedad, un agente y una acción, una acción y su objeto.

La investigación sobre niños que aprenden inglés describió tradicionalmente esta etapa como habla telegráfica, porque los niños suelen omitir artículos, auxiliares y otros elementos gramaticales.

Pero los idiomas organizan la gramática de formas muy distintas, así que no existe una única plantilla universal de dos palabras que todos los niños sigan.

Las investigaciones interlingüísticas muestran que los niños se vuelven sensibles sorprendentemente temprano a las estructuras particulares del idioma que están aprendiendo. Qué se desarrolla primero, y cómo son las primeras producciones, depende en parte del sistema gramatical presente en el lenguaje que recibe el niño.

El patrón general se mantiene: el vocabulario y la gramática empiezan cada vez más a trabajar juntos, lo que permite a los niños expresar significados más complejos.

Cuando los errores revelan aprendizaje

Algunas de las evidencias más interesantes sobre el desarrollo gramatical provienen de los errores de los niños.

Un niño que aprende inglés y que antes ha dicho went correctamente puede más tarde empezar a decir:

goed

De forma similar:

feet → foots

mice → mouses

Estos errores se llaman sobrerregularizaciones.

Son interesantes porque formas como goed normalmente no proceden directamente del habla adulta. El niño ha detectado un patrón productivo —por ejemplo, que los verbos en pasado en inglés suelen terminar en -ed— y lo ha extendido a una palabra donde no corresponde.

Esto no significa que los niños descubran la gramática como una colección ordenada de reglas conscientes. El aprendizaje de una lengua parece implicar una interacción entre ejemplos aprendidos, patrones recurrentes, generalización, memoria y la estructura del propio idioma.

Pero errores como goed demuestran algo importante:

los niños pueden producir formas lingüísticas que nunca se les enseñaron ni se les pidió simplemente memorizar.

Están generalizando a partir de lo que han experimentado.

Distintos idiomas moldean distintos caminos de desarrollo

Los niños de todas partes enfrentan algunos de los mismos grandes desafíos: descubrir unidades útiles, conectar formas con significados, identificar patrones recurrentes y, finalmente, producir lenguaje cada vez más complejo.

Pero los detalles reciben una fuerte influencia del idioma que se está aprendiendo.

Considera los sustantivos y los verbos.

Los niños que aprenden inglés suelen mostrar una fuerte preferencia temprana por los sustantivos. En algún momento, esto llegó a tratarse como una propiedad casi universal del desarrollo del vocabulario.

La evidencia interlingüística ha vuelto el panorama más interesante.

Una revisión sistemática reciente encontró una ventaja general para los sustantivos en muchas lenguas, pero también una variación considerable entre idiomas y culturas. Trabajos anteriores han encontrado ventajas más pequeñas, o incluso ausentes, para los sustantivos en idiomas como el coreano y el mandarín.

En la gramática ocurre una variación similar.

Un niño que aprende inglés debe volverse muy sensible al orden de las palabras y a las construcciones auxiliares. Un niño que aprende español recibe información mucho más rica a través de las flexiones verbales y el género gramatical. Otros idiomas marcan relaciones mediante casos, partículas, tonos, clasificadores o estructuras que el inglés no tiene en absoluto.

Los niños no siguen una sola hoja de ruta gramatical fija.

Están resolviendo un problema humano común usando la evidencia que les proporcionan entornos lingüísticos muy diferentes.

El desarrollo del lenguaje es un sistema, no una lista de verificación

Es tentador resumir la adquisición del lenguaje infantil así:

sonidos → balbuceo → palabras → frases de dos palabras → gramática

Eso sirve como orientación general, pero el desarrollo real es menos ordenado.

La escucha, la percepción del habla, los gestos, el vocabulario, la interacción social, la producción de sonidos y la gramática se superponen e influyen entre sí. Los niños también difieren considerablemente en cuándo aparecen determinadas habilidades y qué tan rápido se desarrollan.

Por eso, un hito describe lo que suele ocurrir alrededor de un periodo determinado. No es una fecha límite ni un calendario preciso que siga cada niño.

Más importante aún, el desarrollo del lenguaje es acumulativo.

Aprender algunos patrones sonoros facilita reconocer palabras familiares. Conocer palabras aporta pistas sobre la estructura de las oraciones. Comprender más oraciones crea oportunidades para aprender más palabras. La interacción da significado a patrones que, de otro modo, serían solo sonidos.

Cada nueva pieza de conocimiento cambia lo que el niño puede aprender después.

¿Qué pueden aprender de esto las personas adultas que estudian idiomas?

El desarrollo del lenguaje infantil no puede convertirse directamente en un programa de aprendizaje para personas adultas. Las personas adultas tienen cerebros distintos, idiomas previos, conocimiento del mundo, objetivos, entornos de aprendizaje y estrategias cognitivas diferentes.

Aun así, el proceso de desarrollo destaca algunos principios útiles.

Familiarízate con el sistema de sonidos. Escuchar importa no porque tengas que pasar meses absorbiendo un idioma en silencio, sino porque reconocer sus sonidos, su ritmo, sus palabras comunes y sus patrones recurrentes es parte de poder procesarlo con eficiencia.

Busca patrones, no solo traducciones. Saber que una palabra significa algo es útil. Notar qué suele venir antes y después de ella, cómo cambia y en qué situaciones aparece te da mucho más del idioma.

Espera que el conocimiento se desarrolle gradualmente. Reconocer una palabra, entenderla en contexto, recordarla y usarla con fluidez no son necesariamente un solo evento.

Usa el idioma aunque el sistema siga incompleto. Los niños se comunican mucho antes de que su gramática esté terminada. Tampoco hace falta esperar a tener conocimientos perfectos. Hablar, escribir, escuchar, leer, recibir retroalimentación y estudiar de forma deliberada pueden desarrollarse en paralelo.

Quizás la lección más interesante no sea que las personas adultas deban imitar a los bebés.

Es que el conocimiento de una lengua se construye a partir de experiencias interconectadas.

Los sonidos se convierten en patrones. Los patrones se convierten en palabras familiares. Las palabras se vuelven parte de estructuras más grandes. Y cada nueva pieza de conocimiento ayuda a quien aprende a entender mejor lo que viene después.

Desde fuera, ese proceso parece no requerir esfuerzo.

Debajo de esa apariencia, está ocurriendo una cantidad extraordinaria de aprendizaje.