Don Quijote
Capítulo 21

La aventura del famoso yelmo de Mambrino y el futuro reino

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En ese momento, empezó a llover un poco. Sancho quería entrar en las casas de aquellas ruidosas máquinas de lavar lana para protegerse del agua, pero don Quijote sentía mucha vergüenza por la burla de su escudero y no quiso entrar.

De repente, don Quijote vio a lo lejos a un hombre que llevaba en la cabeza una cosa que brillaba como el oro.

—¡Sancho! —dijo don Quijote—. Hacia nosotros viene un caballero que lleva puesto el famoso yelmo (casco protector de metal) de Mambrino. ¡Ese casco mágico por fin será mío!

Mire bien lo que dice, señorrespondió Sancho—. Yo solo veo a un hombre sobre un asno (burro) gris, como el mío, que lleva en la cabeza una cosa brillante.

—¡Te digo que es el yelmo de Mambrino! Apártate y déjame solo con él para ganar esta aventura.

La realidad era muy diferente. En un pueblo cercano había un barbero que iba a trabajar. Como empezó a llover, el barbero se puso su bacía (plato hondo de metal que usan los barberos para afeitar) sobre la cabeza para no manchar su sombrero nuevo. Como la bacía estaba muy limpia, brillaba desde lejos. Y el pobre hombre viajaba sobre un burro pequeño, no sobre un gran caballo.

Cuando el barbero se acercó, don Quijote corrió hacia él a toda velocidad con su lanza, gritando:

—¡Defiéndete, criatura cobarde, o entrégame lo que es mío!

El barbero, muy asustado al ver venir a ese hombre loco, se tiró al suelo, dejó la bacía y corrió por el campo tan rápido como el viento. Don Quijote, muy contento, tomó la bacía del suelo.

Este caballero ha sido muy inteligente al escapardijo don Quijote—. Sancho, levanta el yelmo.

Sancho lo tomó en sus manos y se rio.

Por Dios, esta bacía es muy buena y vale mucho dinero.

Don Quijote se puso la bacía en la cabeza. Como no le quedaba bien, la movió de un lado a otro buscando la posición correcta.

Sin duda, la cabeza del dueño original era muy grandedijo el caballero—. Y lo peor es que le falta la mitad a este yelmo.

Sancho no pudo contener la risa.

—¿De qué te ríes, Sancho? —preguntó su amo.

Me río porque este yelmo parece exactamente una bacía de barbero.

—¿Sabes qué imagino, Sancho? —dijo don Quijote en tono misterioso—. Algún hombre ignorante encontró este yelmo mágico. Al ver que era de oro puro, fundió la mitad para vender el metal, y con la otra mitad hizo esta forma que parece una bacía. Pero no importa, yo llevaré el yelmo a un herrero para arreglarlo. Mientras tanto, me servirá para protegerme de las piedras.

Después, Sancho le pidió permiso a su amo para llevarse el asno del barbero, pero don Quijote dijo que las leyes de la caballería no permitían robar caballos. Sin embargo, le permitió cambiar los aparejos (sillas y accesorios de montar). Así, Sancho cambió las cosas viejas de su burro por las cosas nuevas del barbero.

Mientras caminaban por el bosque sin un destino claro, Sancho empezó a quejarse:

Señor, ganamos muy poco buscando estas aventuras peligrosas en lugares solitarios. Nadie nos ve y nadie conoce su valentía. Creo que sería mejor ir a servir a un emperador o a un rey importante. Así nos darán un buen sueldo, nos haremos famosos y alguien escribirá nuestra historia.

Tienes mucha razón, Sanchorespondió don Quijote—. Pero antes de ir a un palacio, un caballero andante necesita viajar por el mundo para ganar fama. Después de hacer grandes hazañas, iremos a la corte de un gran rey. Todos celebrarán mi llegada. La princesa, su hija, se enamorará de al instante. Yo ayudaré al rey a ganar sus guerras y me casaré con la princesa. Cuando el rey muera, yo seré el nuevo rey. Y en ese momento, podré darte una gran recompensa: te casaré con una dama noble y te haré conde.

Sancho escuchó la fantasía de su amo con mucha ilusión.

—¡Eso es exactamente lo que quiero! —dijo el escudero—. Todo eso pasará porque usted es el Caballero de la Triste Figura. Y yo seré un conde muy importante. Todos vendrán a verme vestido con ropas de oro y perlas.

Te verás muy biendijo don Quijote—, pero tendrás que cortarte la barba a menudo. Tienes la barba muy desordenada. Si no te afeitas, todos verán que eres un hombre de campo y no un noble.

No hay problemarespondió Sancho—. Contrataré a un barbero privado para que viva en mi casa. Y si es necesario, caminará siempre detrás de , como hacen los sirvientes de los grandes señores en la ciudad.

—¡Esa es una gran idea, Sancho! —dijo don Quijote sonriendo—. puedes ser el primer conde del mundo que lleve a su barbero personal detrás de él.

Deje el asunto del barbero en mis manos, señor. Usted solo preocúpese por ser rey y hacerme conde a .

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