Don Quijote
Capítulo 24

La historia de Cardenio y la pelea en la montaña

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El hombre salvaje miró a don Quijote con mucha atención y le dijo:

Señor, no quién es usted, pero estoy muy agradecido por su cortesía. Me gustaría tener algo para pagar su amabilidad, pero solo tengo mis buenas intenciones.

Mi intención es ayudarlorespondió don Quijote—. Soy un caballero andante y no me iré de estas montañas hasta saber si su dolor tiene algún remedio. Y si su desgracia no tiene solución, le prometo que lloraré con usted para darle consuelo. Por favor, dígame quién es y por qué vive como un animal salvaje.

El hombre de la ropa rota lo miró de arriba abajo y dijo:

Si tienen algo de comer, por amor de Dios, dénme un poco. Después de comer, les contaré todo.

Sancho y el pastor sacaron pan y queso de sus alforjas (bolsas para llevar comida y cosas) y se lo dieron. El hombre comió muy rápido, casi sin masticar, como un animal hambriento. Cuando terminó, les hizo una señal para que lo siguieran a un lugar con hierba verde. Allí se sentó en el suelo y dijo:

Les contaré la inmensa historia de mis desgracias, pero deben hacerme una promesa: no pueden hacerme ninguna pregunta ni interrumpir mi historia. En el momento en que me interrumpan, dejaré de hablar.

Don Quijote se lo prometió en nombre de todos. Entonces, el hombre comenzó su relato:

Mi nombre es Cardenio. Nací en Andalucía, en una familia noble y rica. Desde que era un niño, estuve enamorado de una hermosa joven llamada Luscinda. Ella también me amaba, y nuestros padres sabían que queríamos casarnos. Pero un día, el padre de Luscinda me prohibió visitarla en su casa. Solo podíamos comunicarnos por cartas de amor.

»Desesperado, le pedí a mi padre que hablara con el padre de Luscinda para organizar la boda. Pero ese mismo día, mi padre recibió una carta del duque Ricardo, un hombre muy poderoso. El duque quería que yo fuera a vivir a su palacio para ser el compañero de su hijo mayor. Mi padre me obligó a ir.

»En el palacio, me hice muy amigo del segundo hijo del duque, llamado Fernando. Fernando era un joven guapo y rico, pero tenía un secreto: había seducido a una hermosa campesina con la falsa promesa de casarse con ella. Para escapar de sus problemas, Fernando me propuso que viajáramos juntos a mi ciudad.

»Yo acepté, feliz de tener una excusa para volver a ver a mi Luscinda. Pero cometí un error terrible: le hablé tanto de la belleza de Luscinda a mi amigo Fernando, que él quiso conocerla. Una noche, la vio por la ventana y quedó completamente enamorado de ella. Fernando empezó a sentir celos de . Un día, estábamos hablando de unos libros que Luscinda leía, porque a ella le encantaban los libros de caballerías, especialmente la historia de Amadís de Gaula...

Al escuchar el nombre de un libro de caballerías, don Quijote olvidó por completo su promesa y lo interrumpió de inmediato:

—¡No diga más! —gritó don Quijote con mucha emoción—. Solo con saber que a la señora Luscinda le gustan los libros de caballerías, ya que es la mujer más inteligente y perfecta del mundo. ¡Qué gran gusto tiene! Yo podría prestarle más de trescientos libros maravillosos que tengo en mi casa... Discúlpeme por interrumpir, amigo, pero cuando escucho hablar de caballeros andantes, es imposible para mantener la boca cerrada. Puede continuar.

Pero Cardenio no continuó. Al ser interrumpido, bajó la cabeza hacia su pecho. Pasó un largo rato en silencio. La interrupción había despertado su ataque de locura.

Cuando por fin levantó la cabeza, sus ojos estaban completamente locos. Ya no recordaba su propia historia, sino que empezó a hablar de los personajes del libro que don Quijote había mencionado:

—¡Estoy seguro de que ese doctor Elisabat era el amante secreto de la reina Madásima! —gritó el loco Cardenio.

Don Quijote se sintió profundamente ofendido al escuchar ese insulto contra una reina (aunque fuera una reina de un libro de ficción).

—¡Eso es una gran mentira! —respondió don Quijote, furioso—. ¡La reina Madásima era una señora muy noble y usted es un cobarde por decir eso!

Al escuchar el insulto, el loco Cardenio agarró una gran piedra del suelo y golpeó a don Quijote en el pecho con tanta fuerza que lo tiró de espaldas. Sancho Panza, al ver a su amo en el suelo, atacó a Cardenio con los puños cerrados. Pero Cardenio era muy fuerte: le dio un golpe a Sancho que lo tiró al suelo y luego le pateó las costillas. El pastor intentó ayudar a Sancho, pero Cardenio también lo golpeó a él.

Después de darles una paliza a los tres, Cardenio se fue caminando tranquilamente hacia el bosque, perdiéndose entre los árboles.

Sancho se levantó, lleno de dolor y rabia. Quería venganza. Como no podía golpear al loco, culpó al pastor:

—¡Usted tiene la culpa! —le gritó Sancho—. ¡Tenía que habernos avisado que este hombre se volvía violento de repente!

El pastor respondió que les había avisado, pero Sancho no quiso escuchar. Los dos empezaron a pelear, agarrándose de las barbas y dándose puñetazos en la cara.

Don Quijote, todavía adolorido, tuvo que separarlos y pedirles paz. A pesar de los golpes y la pelea, don Quijote seguía sintiendo mucha curiosidad. Le preguntó al pastor si era posible encontrar a Cardenio otra vez, porque necesitaba escuchar el final de la historia de Luscinda y el traidor Fernando.

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