Don Quijote
Capitolul 40

La misteriosa carta y el plan de escape

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Después de recitar unos poemas en honor a los valientes soldados que murieron en las batallas, el cautivo (prisionero de guerra) continuó su historia:

Mi nuevo amo era un hombre muy cruel llamado Azán Agá. Con él viajé a la ciudad de Argel, en el norte de África, siempre con la esperanza de conseguir mi libertad.

En Argel, yo vivía encerrado en una prisión para cristianos que los moros llaman "baño". Yo era un cautivo de rescate (prisionero por el que se paga dinero para liberarlo). La vida allí era terrible y pasábamos mucha hambre. Nuestro amo era un monstruo que mataba o castigaba a un cristiano cada día sin motivo. Curiosamente, al único que nunca le hizo daño fue a un valiente soldado español llamado Saavedra, a pesar de que hizo cosas increíbles para intentar escapar.

Encima del patio de nuestra prisión, había unas pequeñas ventanas que pertenecían a la casa de un moro muy rico y principal. Un día, mis compañeros y yo estábamos en el patio. De repente, vimos que por una de esas ventanas salía una caña larga. En la punta de la caña había un pañuelo atado. La caña se movía de un lado a otro, como invitándonos a tomarla. Mis amigos se acercaron, pero desde arriba subieron la caña. Sin embargo, cuando yo me acerqué, dejaron caer la caña a mis pies.

Abrí el pañuelo y, para mi gran sorpresa, encontré diez monedas de oro. Miramos hacia la ventana y vimos una mano muy blanca que se cerraba rápidamente. Comprendimos que una mujer nos estaba ayudando. Estábamos llenos de alegría y de confusión.

Unas semanas después, volvimos a ver la caña. Esta vez, el pañuelo estaba más gordo: tenía cuarenta monedas de oro y un papel escrito en árabe. Al final del texto, había una gran cruz dibujada.

Como nosotros no sabíamos árabe, buscamos a un amigo renegado (cristiano convertido al islam) para que nos tradujera el mensaje en secreto. El papel decía lo siguiente:

"Cuando yo era niña, una esclava cristiana me enseñó a rezar y me habló de la Virgen María. Yo quiero ir a tierra de cristianos para verla, porque la quiero mucho. Ninguno de los hombres que veo por esta ventana me parece un caballero noble, solo . Soy joven, hermosa y tengo mucho dinero para llevar conmigo. Organiza un plan para que podamos escapar y serás mi esposo. No te fíes de ningún moro, porque son mentirosos."

La carta nos llenó de esperanza. El renegado lloró de emoción al ver la cruz y prometió arriesgar su vida para ayudarnos a escapar a España. Rápidamente, escribimos una respuesta para la chica, que se llamaba Zoraida, prometiendo que haríamos todo lo posible por ella y que yo sería su fiel esposo.

Unos días después, Zoraida nos bajó por la ventana dos mil monedas de oro más. El plan que organizamos fue el siguiente: con ese dinero, le dimos una parte al renegado para que comprara una barca (bote pequeño) en la ciudad. Por otro lado, yo usé ochocientas monedas para pagar mi propio rescate. Era muy importante ser un hombre libre para poder salir de la prisión, caminar por la ciudad sin problemas y preparar nuestra huida.

Todo estaba en marcha. Zoraida nos avisó en otra nota de que iba a pasar el verano en el jardín de su padre, que estaba situado cerca de la playa. El plan era sencillo pero peligroso: una noche, nosotros iríamos a ese jardín con la barca, rescataríamos a Zoraida en secreto y todos juntos navegaríamos por el mar hacia nuestra libertad.

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